¡NOS VAMOS DE EXCURSIÓN!

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Hace siete u ocho años que rondaba por mi cabeza repetir la travesía en alta montaña de Sierra Nevada que hacía treinta años atrás, cuando tenía 24 o 25 años. ¿Por qué este verano de 2018 mis pensamientos se han convertido en acción? No lo sé. Lo que si sé es que con el deseo no basta, es preciso ponerse en camino para que se materialice aquello que queremos.

La aventura no parecía fácil. Treinta años más en el cuerpo para una ruta de 50 kms en alta montaña no era el mejor augurio, pero algún motor interno desconocido me decía, “este año si”.

El reto requería planificación, análisis de necesidades para tres días sin las comodidades de la civilización, identificación de la mejor ruta, horarios de los transportes públicos que nos dejarían en el punto de inicio y nos recogerían del final de la ruta a pie… y todo ello, en equipo, acompañado de cuatro de mis hijos. Muchachos de su tiempo, fornidos por el crossfit y otros deportes similares. Sin duda, iba bien acompañado, no tenía nada que temer.

El inicio de la ruta como siempre, ilusionante para todo el equipo, pero tras los primeros diez o doce kilómetros relativamente exigentes, las primeras dudas sobre las indicaciones del líder (en este caso yo). ¿Seguro que vamos por el camino correcto? ¿Hace tres curvas que nos dijiste que se vería el Mulhacén y aún no vemos ninguno de los grandes picos?… Es cierto que hacía treinta años que pasé por allí y eso sin duda te hace olvidar detalles, pero además de mi memoria contaba con plano, rutas descargadas de Wikiloc y mi sentido de la orientación.

Mi liderazgo era cuestionado y la situación amenazaba con motín.

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El providencial encuentro con el segundo puente, perfectamente indicado en mi plano y el correspondiente baño, aplacaron los nervios y nos permitieron avanzar hasta el punto de destino para la primera jornada, eso si, la tropa, que no conocía aquella ruta, se cuestionaba ¿qué pintamos aquí?, aún queda mucho itinerario por delante y no podemos volver atrás. Sólo queda avanzar.

Si algo caracterizó nuestra forma de vida en el itinerario fue la austeridad. Benéfica y purificadora austeridad, tantas veces rechazada en la sociedad en que vivimos y que tanto nos enseña. La comida necesariamente debía ser frugal, es preciso dosificar el agua, las piedras son tus compañeras durante el día y durante la noche… ¡Qué importancia tienen cosas cotidianas en las que raramente reparamos!

En la segunda etapa salvaríamos un desnivel de más de 1.100 metros en unos seis kilómetros. La sensación era de estar subiendo una interminable escalera que exigía, a consecuencia de la falta de oxígeno y el esfuerzo, realizar paradas cada veinte o treinta pasos.

Tras más de seis horas caminando hasta la Laguna de la Mosca, una imagen paradisiaca, una verde pradera rodea a la laguna de origen glacial de gélidas y transparentes aguas, muchas cabras montesas pastando tranquilamente junto a nosotros. Por un momento sensación de paz, quietud, satisfacción del esfuerzo realizado y el reto alcanzado.

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Una mirada atrás me devuelve a la realidad, “pájara” generalizada en la tropa. Mareos, vómitos… por un momento pienso “¡Ay madre! ¿cómo resuelvo la situación?” Mil cosas pasan por la cabeza, habremos comido algo en mal estado, bebido agua contaminada… nada de esto, el esfuerzo realizado y el exceso de agua bebida en el ascenso que, al tener poco contenido en sales, no acaba de quitar la sed y te induce a beber más, fue el peligroso cóctel que produjo la debacle.

El peso de la responsabilidad cae sobre mis hombros.

Quietud, sombra y algo de agua, obraron el milagro y en unas horas todos recuperados.

A la caida de la tarde, una pareja de montañeros en dificultad, Antonio y Alicia, nos pidieron ayuda. Habían perdido la ruta y no tenían los medios necesarios para pasar la noche. Agradable velada juntos compartiendo experiencias. La montaña te da excelentes ocasiones para conocer excelentes personas.

Noche con algo de viento que nos hacía pensar que algún animal desde fuera quería darnos las buenas noches. Recuerdos de la ruta e ilusión por la última jornada que finalizaría con un adecuado “homenaje” en Capileira.

Madrugamos para salir pronto tras recoger las tiendas y todas nuestras pertenencias. Ascenso hasta la cuerda del Mulhacén tratando de no perder un incierto camino entre inmensos bloques de pizarra que hacían parecer aquel un paisaje lunar. A unos 3.200 metros ya sólo quedaba bajar. Despedida de nuestros compañeros que continuarían hacía la estación de esquí y nosotros, por una senda bien marcada, hacia Capileira.

Diecinueve kilómetros de descenso duro y casi sin paradas, dejan nuestro cuerpo molido. Te compensa el paisaje, los arroyos en los que disfrutamos de un merecido baño en aguas purísimas y la gratificante sensación de que estás culminando un reto.

¡Al fin, Capileira! Ducha, plato alpujarreño en el Mesón Poqueira y cama.

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Querido lector, te preguntarás ¿no es este un blog de innovación y gestión empresarial?, ¿a qué viene esta historia?

Tres jornadas sin cobertura, miles de pasos y tiempo de reflexión me han permitido identificar ciertas similitudes y claras enseñanzas para los procesos de emprendimiento.

  1. Nunca es tarde para emprender. Los cincuenta ¿son la edad adecuada para emprender, para iniciar una aventura? Lo de menos es la edad, lo importante es que sea tu momento. Identificar ese instante en el que confluyen circunstancias personales y del entorno que activan tu motor interior.
  2. El movimiento se demuestra andando. La visión es importante, pero de nada sirve sin la acción. Emprender implica construir, crear, eso requiere de acción.
  3. Planifica la ruta. Emprender conlleva seguir un itinerario por un lugar incierto. Para ello necesitarás cosas (recursos, conocimientos, alianzas…) Reflexionar sobre las necesidades que van a aparecer en el itinerario antes de empezar el mismo ayuda a dotarse de los medios necesarios.
  4. El líder es humano. Todo liderazgo requiere de capacidad de relación con el equipo. Conocer las limitaciones individuales, reconocer los errores propios, no exigir por encima de sus capacidades a los demás y, sobre todo, saber gestionar las crisis, son habilidades indispensables.
  5. Cada cual lleva su ritmo. Lo importante es que el equipo llegue a la meta, se alcance el objetivo, sin embargo, no todos sus miembros avanzan de igual forma. Cada uno tiene sus propias habilidades y limitaciones, conocerlas y gestionarlas adecuadamente facilita el éxito del trabajo en equipo.
  6. Como tratar las “pájaras“. No es infrecuente que en el proceso de emprendimiento, parte del equipo se desfonde. Ante esto, ¿qué hacer? Serenidad, quietud y tratamiento de recuperación.
  7. Un objetivo claro. Tener un objetivo claro hacia el que dirigirnos y conocer la recompensa de alcanzarlo, estimula el avance y facilita la identificación de la ruta más eficiente.
  8. No te pierdas el paisaje. Emprender es un proceso, a menudo dilatado en el tiempo, en el que interactuamos con otros y vivimos experiencias increíbles. Merece la pena disfrutar del itinerario, mantener los sentidos despiertos para identificar amenazas y detectar oportunidades.

Tres días de caminatas y bastante tiempo por encima de los 2.000 metros fortalecen y aumentan los glóbulos rojos. Emprender también te lleva a vivir intensamente.

10 comentarios sobre “¡NOS VAMOS DE EXCURSIÓN!

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  1. Hola Miguel Ángel, me ha encantado entrar en tu blog. El día a día nos enreda con tantas toneladas de información y trámites, que muchas veces se nos pasa el tiempo sin reparar en tantas cosas que nos rodean. Desde el verano de 1999 hago una travesía veraniega con familia y amigos, se llama la Caracola. Por eso, me he sentido identificado con esa “tropa” tan especial y querida que llevabas. Con esos “motines” y “pájaras”, con esa asunción de líder. Efectivamente, hay muchas similitudes entre la montaña y la vida (y el emprendimiento). No sé si conoces el libro “Monterapia”. Habla de eso, de como el montañismo te sirve para afrontar retos vitales. Un abrazo “viejenials”

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  2. Enhorabuena Miguel Ángel, he disfrutado realizando contigo esta travesía, que sin duda te habrá sido más fructífera ahora que hace 25 años, como demuestras con tus reflexiones.

    Muchas gracias y te animo a seguir realizando nuevas “travesías” (hasta de la del desierto se aprende).

    Un fuerte abrazo

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