Despoblación y tecnología

Hace mucho tiempo que afecta gravemente a las zonas rurales. La despoblación no es algo nuevo.

En España, este fenómeno de pérdida de población, fundamentalmente por la emigración de sus habitantes, se produjo con intensidad en extensas zonas de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX, entre 1950-1975.

El crecimiento de la actividad económica y el desarrollo industrial de los núcleos urbanos y especialmente las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia…) hicieron que muchos habitantes abandonaran su actividad profesional en el pueblo y se trasladasen a las ciudades en busca de un futuro mejor. En este movimiento poblacional fueron pioneras las mujeres jóvenes según sostienen algunos estudiosos de la materia, reduciendo de esta forma las posibilidades de recuperación de la población.

Las consecuencias de este éxodo las conocemos, deterioro del patrimonio arquitectónico, desarraigo, y a la larga, pérdida de servicios básicos (escuelas, ambulatorios, etc) por falta de usuarios que, en aras a la eficiencia en la aplicación de los recursos, los hagan justificar.

Este fenómeno que tuvo su detonante en los 60 y 70 por el atractivo económico de las ciudades, no ha hecho sino incrementarse por otras razones tales como la bajada de la natalidad generalizada, la carencia de servicios básicos y otras razones de índole cultural tales como el atractivo del estilo de vida urbano frente al estilo de vida rural (o al menos el estereotipo asentado en gran parte de la población).

Un ejemplo de lo acontecido en extensas zonas de España. En Valderredible, Cantabria, la población se redujo en el 65% en el periodo de tiempo comprendido entre 1920 y 1970 (50 años), en los últimos 18, la población se ha reducido en un 51%.

El problema de pérdida de población en las zonas rurales ha sido tratado por muchos especialistas y ha sido uno de los focos de atención de algunas iniciativas europeas como el programa Leader, sin embargo, hasta hace relativamente poco tiempo, no ha estado en la agenda pública con tanta intensidad como después de la manifestación “La España Vaciada” del pasado 31 de marzo.

Los que llevamos mucho tiempo trabajando en desarrollo rural (desde 1991) y nos parece que aún no se han puesto en marcha iniciativas suficientemente sólidas para resolver el problema, nos preguntamos si se puede romper el círculo vicioso por el que la pérdida de población que desencadena pérdida de servicios y pérdida de oportunidades profesionales, dificulta inexorablemente el asentamiento de nuevos pobladores.

¿Cuál será la “varita mágica” con la que se pueda revertir el proceso?

Hace unos días viví una experiencia que, sin duda, supone un rayo de esperanza, me refiero al I Congreso StartupVillages. Somos muchos los que hemos hablado sobre las posibilidades que la tecnología puede ofrecer al medio rural y cómo la disponibilidad de buenos servicios de conectividad, puede ofrecer posibilidades de asentamiento de profesionales que prefieran un entorno rural para trabajar.

La digitalización del medio rural como mecanismo de conexión y palanca de desarrollo económico ha sido una de las motivaciones de la creación de las redes de telecentros, infraestructuras generalmente públicas que han ofrecido servicios de acceso a internet y tecnologías a la población rural.

Las posibilidades de dotación de infraestructuras han cambiado mucho en los últimos 20 años. En 1996 analizamos la posibilidad de crear un centro de teletrabajo en la finca El Sotillo de la Fundación Universidad Empresa de Madrid situada en el término municipal de San Sebastián de los Reyes. La consulta que personalmente hice a una empresa de comunicación (omitiré el nombre) sobre la posibilidad de tener conectividad RDSI, tuvo como respuesta una sonora carcajada al otro lado del teléfono: “ese tipo de servicio ni está, ni se espera…”.

Sin embargo, la infraestructura no es suficiente. Sostengo que las principales barreras para el asentamiento de profesionales en zonas rurales que exploten el potencial de las nuevas tecnologías y que incluso puedan desarrollar empresas de base tecnológica y de rápido crecimiento (startups), son de índole sociológico.

El medio rural y la forma de vivir en él deben ser atractivos para jóvenes profesionales al inicio de su trayectoria para que puedan considerar emprender en él. La recuperación del patrimonio (arquitectónico y cultural), la oferta de ocio y, sobre todo, la acogida de la población local, son ingredientes clave para poder estimular el flujo de las startups al medio rural.

Junto con de las recomendaciones prácticas del citado Congreso, a saber, facilitar el alojamiento, los incentivos fiscales, apoyar en las tramitaciones, asesorar en la captación de ayudas y la atracción de los inversores, deberían ir acompañadas de una revalorización social de la vida en el pueblo. A esto pueden contribuir sin duda los medios de comunicación y el desarrollo de comunidades rurales dinámicas, con autoestima y con capacidad de mirar al futuro con esperanza.

Trabajaremos con este enfoque que parece será estimulado por la Unión Europea y por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ojalá podamos vivir la revitalización de muchos pueblos de España que de otra forma están abocados a desaparecer.

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